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El enfermero que eligió el oficio correcto
Por Mylenys Torres Labrada
Cooperante cubano de la salud

En la memoria de quienes lo conocen, Jorge Ernesto Hernández Estévez aparece siempre con la misma luz: la de un muchacho que encontró en la Enfermería no un oficio, sino una manera de estar en el mundo. A su alrededor, la vida suele conservar un orden extraño: respira mejor, se aquieta, confía.

“Ser enfermero es mi mayor satisfacción. Es la mejor vivencia de mi vida”, dice sin dudar.

Y lo dice alguien cuya vida cambió desde muy joven. Se formó en la Escuela Emergente de Enfermería —hoy UCCM— desde sus cimientos. Literalmente: ayudó en el movimiento de tierra, vio poner la primera piedra, levantó su escuela como quien levanta una casa.

A los 16 años, Fidel Castro le entregó su Título de Oro en el Karl Marx, en una graduación histórica con más de 1 500 estudiantes.

“Ese encuentro marcó mi vida”, recuerda. Tanto, que empezó a trabajar antes de tiempo: el 13 de agosto de 2003, por Fidel y por su palabra. 

En breve, delatando su naturaleza organizada,  me muestra las fotos y el diploma que conserva  de ese momento histórico!

 

  • Venezuela

 

Su primera misión lo lanzó al mundo con 19 años.

“Venezuela fue mi escuela.”

Aprendió rápido, tanto que llegó a ser Jefe de Enfermería del primer CDI del estado Anzoátegui. Allí creció, se hizo fuerte, encontró la madurez profesional que lo sigue acompañando.

 

  • República del Congo

 

En el Congo (2016-2019) asumió otro desafío: dirigir el Servicio de Reanimación Polivalente, centro de referencia nacional.

 

“Fue un reto inmenso… pero lo superamos.”

 

  • Mozambique

 

Hoy trabaja en el Hospital Central de Maputo. Integró la Brigada Henry Reeve durante la COVID-19 en el Centro Nacional de Aislamiento. Vivió la UCI en los días más duros, asistió, salvó, enseñó.

“Transmitir lo que sé también es salvar.”

 

Pronto regresará a Cuba. Habla del retorno como quien vuelve a su casa natural: su familia, el Hospital Miguel Enríquez, su país.

 

Y al final…

 

“Yo elegí el oficio correcto… o el oficio me eligió a mí.”

 

Y uno entiende que es verdad: Jorge Ernesto lleva dentro una luz tranquila, esa que solo nace en quienes han acompañado a otros a respirar cuando parecía imposible.

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